El viaje

Que cosas maravillosas podría contar un buen narrador, yo solo cuento cosas que sucedieron, un poco distorsionadas por la memoria, que es la manera mas creativa de perder el camino de un relato.

Acababa el año 1966, fidel y los suyos habían puesto pie en Cuba. El Che, ya era leyenda, andaba con su revolución por algún lugar, lugar que nunca pude recordar. Era diciembre, lo recuerdo bien, un amigo y yo decidimos viajar a conocer América. Teniamos poco dinero y ninguna moto, pero igual emprendimos el camino. La idea era viajar…

…muy cerca Lima, de donde partimos, nos encontramos con una señora, María, dijo llamarse. Creo que fue Nazca, las lineas ya las habiamos pasado. Era un pueblo un poco más lejano. Ella nos cuidó por una semana. Me refiero a cuidarnos porque eso fue lo que hizo. Nos dejaba ir por los alrededores, buscabamos las lineas todo el día. Al atardecer volviamos a su casa, y ahí nos esperaba con la comida lista y algo de nuestra poca ropa limpia. Después de una semana de estar en su casa y de busqueda infructuosa, porque las famosas lineas nunca las vimos, partimos. En el umbral de su casa, de pie con lágrimas en los ojos nos despidió. No pude contenerme y le pregunté las razoneso motivos de su trato con nosotros. Ella, sin dejar de llorar, no dijo que su hijo, de la misma edad que nosotros había partido en similar aventura hacía mas de un año. Desde entonces, ella cuidaba y ayudaba a los viajeros como nosotros, con la esperanza que alguna persona esté ayudando a su hijo. Sus palabras me conmovieron, no supe encontrar respuesta en ese momento, dije adios y partimos. Años más tarde, un día que pasé por ahí, la visité, quise saber de su hijo, sólo por curiosidad. Otra vez las lágrimas, me tomó de la manó y me llevó a la parte de atrás de su casa. Ahí en un jardin hermoso bajó una humilde lápida descansaba el hijo de la señora. Llevaba el epitáfio que el mismo había elegido. “Luchó y murió, por una revolución que no fue la suya, pero que adoptó como propia…(No pondré el nombre por obvias razones) La señora María se sentó en una piedra y lloró, lloró por mucho tiempo mientras yo la miraba. Otra vez le dije adios, ella dijo adios. Nunca más supe de ella.

…habiamos caminando demasiado, nuestra idea de llegar hasta el sur de chile se fue desmoronando poco a poco.  En Antofagasta decidimos parar. Conocimos a una muchacha llamada Laura, no voy a olvidar nunca a Laura. La conocí esa mañana en la playa, la hermosa playa de Antofagasta. No recuerdo nada mas de ese lugar, solo la playa y Laura. No contaré nada más de Laura tampoco, pero pueden imaginar lo que quieran, y los motivos que tuve para no olvidarla nunca. es raro que la recuerde siempre, que su imagen esté latente siempre y que, sin embargo, no tenga mucho para decir sobre ella.

…no recuerdo cuando fue que salimos de Antofagasta, se que el tiempo empezaba a escasear y que ya era necesario pensar en regresar. No queriamos quedarnos sin visitar Bolivia, así que, caminamos nuevamente al este o norte, y con la ayuda de algunos camiones y otro autos llegamos a San Pedro de Atacama. De ese lugar tengo recuerdos duros. El pueblo es uno de esos lugares de los tantos que hay perdidos por entre los andes, donde el viento frio golpea incesante. Ese frío dificil de olvidar, sólo una vez el frío superó el de esa noche, pero fue muchos años después, también en los andes. He sabido que hoy corre un camino asfaltado por esa ruta, pero en esos años no habia nada. A media noche pasó un camion que andaba de lado y el motor sonaba con si fuera un buque, no dudamos, nos subimos y dejamos San Pedro de Atacama.

…la neblina cubría la ciudad de La Paz, no recuerdo las calles, si recuerdo que entramos por una avenida que circundaba la ciudad. Empezaba desde la parte alta y bajando en circulo se incrustaba en la ciudad. El camión nos dejó en un punto cercano a la ciudad, no muy lejos del centro. He viajado bastante, aun en mi corta vida, mil veces me he mudado y en cada lugar algo encontré y algo dejé. Es como un intercambio de aura, pienso yo, que es eso, lo que los viajantes buscan, y en el que encuentran tanto placer. La Paz, construida en un inmenso embudo, entre las montañas, me embargó con sus empinadas calles y recobecos, como una ciudad de un cuento.
Descansabamos en el banco de una plaza. Mirabamos, mi amigo y yo, el mapa, planificabamos. El decía que era necesario ir por el cuzco,  yo no podía, después de discutirlo por un momento decidimos seguir hasta Puno, lugar desde donde yo volvería a Lima y el continuaría hasta el cuzco. En esas cavilaciones estabamos cuando un muchacho se nos acercó. Vestía desaliñado, como parecer humilde, pero que aun a pesar de eso se podía adivinar cierto nivel social, dijo llamarse León, y preguntó por nuestra procedencia, momentos después conversaba tranquilamente y nos ofrecía su casa para quedarnos.  Fue todo un acontecimiento. Esa misma tarde partimos a Santa Cruz de los Andes y en la noche ya estabamos cenando como no lo haciamos en mucho tiempo y durmiendo en camas calientes.
Esos fueron días tranquilos, es cosa rara, pero ya lo advierte tolkien en alguna página, que de los días buenos se tiene poco recuerdo y que su momento es breve. En un abrir de ojos estabamos corriendo mas allá de La Paz. Todo fue cuando regresó el padre del muchacho que después de preguntarnos nuestros nombre completos, nos dijo que era un diputado y que nos fueramos del país. León, que no se llamaba asi, se enojó con su padre y pronto nos acompaño hasta la misma frontera de Bolivia. Deben irse, nos dijo, pero vuelvan, Bolivía pronto será un país mejor, el Che está por llegar. Y nos fuimos.

…la muñeca sueca movía sus labios y pronunciaba graciosamente zanabría, y se reía, pues el apellido de mi amigo le sonaba demasiado similar a zanahoria, y no podía entender. Estabamos en desaguadero, a unos pocos kilometros de la frontera, subidos en un camión de ganado. Esteban iba montado en un vaca, la sueca miraba desde la cabina arriba, y el viento le sacudía los cabellos, que hermosa era. Otra vez el recuerdo confundido conla imaginación, algún defecto debe haber tenido o ahora estuviera casado con ella. Pasamos unas cuantas noches juntos, a la quinta la dejé entre sollozos de su parte y remordimiento la mía. Partía hacia Lima.

…nada había cambiado en Lima. Su triste cielo me recibió de la misma forma que me despidió.

La memoria me deja pocas cosas para acotar, sin embargo de entre esas cosas hay algo que no puedo dejar de mencionar.
Era Abril o mayo, sepan disculpar. Volvía del cumpleaños de mi madre, del interior del país. Cuando llegué a la capital me reencontré con mi amigo de viaje. Él estaba muy asustado, nos fuimos a un bar, alejado del centro de la ciudad y me contó que la interpol lo estaba siguiendo. Era por el muchacho de La Paz. Hijo de diputado, y en la guerrilla. Los de la interpol estaban furiosos y nosotros muy asustados. La mañana siguiente unos fuertes golpes me despertaron, abrí con cuidado y ahí estaban ellos. Me interrogaron de mala manera, alguna cicatriz todavía la tengo. Pero yo supe mas por ellos que ellos por mi. El muchacho había partido algunas horas después que nosotros y se había unido a la revolución del Che Guevara. Son los últimos en verlo, me dijeron. Si, seremos los últimos, pero no sabemos nada contesté, mi amigo no hablaba.
Dos días estuvimos detenidos, eran tiempos dificiles, tuvimos la suerte que su nombre apareció en las noticias. No estaba entre los veintiseis revolucionarios, pero no había muerto.

Mi amigo, del cual sino les mencioné el nombre se llama: Esteban, el chino, Zanabria. Él se retiro de la universidad, se mudó al norte, a una universidad del Opus Deí, en piura. Hoy dirige una empresa de exportaciones y tiene tres hijos. Yo aún sigo buscando ese camino que perdí entre tantos que seguí. No supe mas de María, ni de Laura, ni de la sueca, ni de León, ni de tantos otros que fui conociendo. Sigo, como en esos días volcando historias inconclusas en un papel. El viaje no termina, siempre nos queda un camino por recorrer o alguno por el cual volver. Adios.

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