Moriré en París

Hoy, por percances fatales, he decidido hablar sobre mi muerte. La siento cercana y fría, como a todos cuando el momento llega. Es un grito agudo que reclama por mi. La he sentido punzante contra mi pecho. La he sentido presente con su hálito elido detrás mio. No es tragedia. Me iré como otros tantos, sin laureles ni gloria. Habré, eso si, conseguido unos pocos méritos, pocos y pequeños, demasiados pequeños para nombrarlos hoy, acá, en este testigo papel.

No ha de ser difícil hablar de la muerte basta con decir que nos persigue a cada momento desde el momento que nacemos, puede servir elegir epítetos desalentadores, que la pluma sea pesimista, y el corazón melancólico; no olvidar lo propio. La muerte, para mi, es tal vez un gran umbral que más temprano que tarde cruzaré. No pretendo filosofar porque no se hacerlo. Son estas las palabras que se escurren de mi mente en momentos como así, nada más.

Tengo los mismos planes que cualquiera: casarme, tener hijos, uno que me diga papá; el árbol y el libro no figuraban en mis planes, pero hoy empecé con el lápiz y mañana buscaré una semilla. Tengo también otros planes. Un ramo de rosas para sus quince años. Un hermoso regalo para su casamiento. Decirle a ambas que las quiero, o quizá, en un impulso de locura y arrebato, declarar mi amor aún en contra de la sociedad y la familia (que son la misma cosa). Hoy, sin embargo, se ha corrido el velo que cubría mis sueños, me he sentido expuesto, indefenso, lastimado en lo más profundo de mi ser. El dolor, pequeño e hiriente, no era por amor, era por mi pobre corazón viejo.

Mi corazón es débil, no tiene la fuerza para latir. Se retuerce, late; gime, late; y no hablo en metáforas románticas, me desvanezco cuando lo siento cansado. Es joven, pero delicado como un  viejo. Esperaré, dicen que puedo tener suerte, que el pobre quizá se reponga con un poco de descanso, pero no quiero descansos; si he de morir, moriré, pero nada de descansos.

No moriré en París, no será jueves ni habrá aguacero. Algunas lágrimas provocaré entre las pocas personas que realmente me quieren. La anciana, la madre y desde luego la niña que me dio su corazón. Seguro también el viejo llorará, no todos los días se muere un hijo; después, algunos cuantos llorarán, pero sus lágrimas estarán secas aún antes de brotar, hipócritas. No esperaré que ella llore, aunque quizá… aunque quizás, ese corazón no sea tan duro como pienso.

Las metáforas no sirven, la realidad es mas bruta. La realidad es una sola, pero no la podemos ver. Vemos, muy a pesar de las almas sensibles, la realidad que queremos ver. Solo quizá al final, en los momentos previos de morir podemos ver nuestra realidad. No quiero ver que voy a morir, sin embargo, ahí está la muerte para advertirme que llegará el momento que veré mi realidad. Mi lápiz caerá, dejará de surcar sinuoso sobre el papel, no jugará mi mano con él buscando hermosas palabras; nada de esto, la tinta se secará y los libros de polvo se cubrirán, las viejas fotos pronto desaparecerán.

No quisiera flores sobre mi tumba, las flores se marchitan, su hermoso olor pronto se convierte en un vaho fétido que corrompe el aire. Quisiera papel en blanco, mi querida reflex y también muchos lapices, seguramente veré cosas maravillosas y querré contarlas.

No tengo nada más que decir, sólo hasta luego, espero que allá se este mejor, y no es que acá sea malo, pero pasa que nunca se pierde la esperanza de ser feliz, aún estando muerto. Me angustio, se ha ciencia cierta, que el momento va llegar, y quedan tantas cosas por hacer. Cuando termine, cuando la tinta escriba el ultimo pensamiento, en ese momento, habré muerto.

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6 comentarios en “Moriré en París

  1. Gracias Juje! siempre tan amable. Estoy un poco distanciado del blog, pero aun me permito escribir algunas cosas, condimentar realidad y ficción y tratar de seguir adelante.

    saludos, gracias por tus visitas.

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  2. Angélica

    Hola Luis.

    Me llamo Angélica, tengo 24 años,soy abogada, soy de México.
    Me gusta tu forma de escribir, creo que tienes mucho talento.
    Lo que es escribes es tan real en mi vida, me identifico muchisimo con lo que escribes, ya que mi vida esta plagada de melancolía.

    “Una carta para un adios”, es perfecta en este momento de mi vida.

    A mi también me gusta escribir, sobre todo en mis momentos de depresión, pero desafortunadamente no tengo el talento que tienes tú. ¡suerte en lo que haces!

    Te mando un abrazo.

    Ciao.

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