Buenos Aires (Historias Breves)

Relato (prueba n° 1)

Imaginemos Buenos Aires, con sus calles estrechas y los edificios altos, imaginémosla suspendida en el aire desde algún lugar, sobre algún espacio.

— ¿Cuantos años tenes?
— Quince. ¿Con eso basta, no?
— No, no. Sos demasiado chico. ¡Volvé cuando tengas dieciocho!
— Bueno.

Relato (prueba n°2)

Imaginemos una calle cualquiera, una hora, un día. Que sea ayer, que sea de noche y que la calle esté empedrada. Imaginemos una persona, o mejor, una pareja. Caminan por la calle, su sombra los acompaña. una sombra mas pequeña los viene siguiendo.

Relato (Final N° 1)

Imaginemos Buenos Aires, con sus calles estrechas, sus muchas luces y sus edificios altos. Imaginemosla suspendida en el aire, envuelta en halitos blancos.  Una melodía de un viejo tango se escucha en algún lugar. Unas luces rojas inundan la tanguería. Un muchacho se acerca al mostrador,
mira dudando al viejo vinatero.

— ¿Se puede estar
— ¿Cuantos años tenes?
— Quince. ¿Con eso basta, no?
— No, no. Volvé cuando tengas dieciocho.
— ¡Por favor!
— No se puede. No insistas.
— Bueno.

Imaginemos, si podemos, una calle cualquiera, una hora, un día.
El día podría ser ayer, podría ser de noche y la calle podría estar empedrada y por esa calle podría caminar una pareja. Ella es alta, no tanto como él,  lleva un vestido bajo rodilla y una fina camisa de seda, muy elegante. Él viste
simple, de camisa y pantalon, blanco y negro, también elegante, sin ninguna duda.

Relato (Final N°2)
A la hora prevista ella estuvo en el aeropuerto. Iba tomar, según lo previsto, el vuelo a Madrid. Allá la esperaba su novio, el mismo tipo desde los quince.
Algo sin embargo sucedió, ella no lo esperaba, Él apareció con una sonrisa impecable.
El la vio y pensó en hablarle, ella no dudó, le habló. Una hora más tarde en otro avión volaban rumbo a la India. Visitaron el Tibet, algunos monasterios. pasaron por Jerpur y Delhí, compraron pequeñas joyas y fueron felices.
8 años después.
— ¡Buen día, Mamá!
— ¡Buenos días, Teofilo!
— Ayer la profesora preguntó por que me pusieron ese nombre.
— Tu profesora es demasiado entrometida.
— ¿Porqué me pusiste ese nombre?
— te voy a contar…
— ¡Contame!
— Bien, la cosa fue así.
— Ocho años atrás estaba por volar a la India y en el aeropuerto conocí a un hombre maravilloso, se llamaba Teofilo, como vos.
— Y sólo por el me pusiste Teofilo.
— Pero, ¡claro! Has de saber que era una muy buena persona. Lastima que nunca más lo volví a ver.
— No te creo.

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