El Monticulo (part. 2)

Continuacion de El Monticulo (part. 1)
—Si, como usted diga, señor. Pero aún no ha llegado el equipo forense y no hemos podido tocar el cadáver— dijo el oficial mirando a los ojos del fiscal.
—¿Y eso que tiene que ver? ¿Pretende que permanezca toda la mañana entre esta inmundicia?— Los ojos del fiscal por un momento relampaguearon en su cara pálida. —Creo que recordaré esta conversación cuando hable con el capitán.
—No, señor, pero no quise decir eso. Solo estaba informando.— El oficial estaba empezando a rogar cuando el Fiscal se acercó al Montículo.
—Lindo espectáculo, espero no verle nunca el rostro al pobre infeliz.— Dijo el fiscal.
—Si, un poco desagradable, no es bueno mirar esto antes de una buena carne asada.
El fiscal sin decir nada se retiró unos metros atrás hasta su auto.
No pasó mucho tiempo antes que llegarán los forenses. Empezaron a actuar con cautela. El Montículo seguía ahí rodeado de la jauría, esperándolos. Los canes con postura observadora miraron a los forenses. Un forense se estaba acercando, no pareció notarlo pero los perros comenzaron a gruñir.
—¡Ea! ¡Usted! ¿A donde va? Espere que el fiscal quiere tomar unas fotos.
Y el forense regresó, y los perros se calmaron.
Los cabellos al viento y el abrigo gris con el cuello levantado le daban un aspecto casi doctoral al fiscal hasta que habló y nadie lo escuchó, y gritó, y su voz aguda fue escuchada por todos como si fuera un graznar de patos.
—¡Quietos todos!— dijo el fiscal, y en voz mas baja pidió la cámara.
Él no lo había notado, ensimismado como estaba en sus oficiales, pero un tumulto de gente lo observaba desde el kiosco de diarios.
—¡Señor fiscal, creo que debemos apurarnos!
—¿Ah, si? ¿Porqué?
—La gente señor.— Y diciendo esto el oficial señaló al tumulto que se iba formando cerca del puesto de diarios.
—Bueno, cuénteme sobre el caso. No quiero estar desprevenido para los periodistas.
—No es muy bueno, aun no vemos al cadáver. ¿Lo recuerda?
—Si, pero…
—Pero puedo comentarle acerca de la zona
—Solo eso…?
—y por el cadáver que encontramos la semana pasada a solo tres cuadras de acá.
—Eso está mejor. Quizá tengan alguna relación.
—Quizá, pero nada es cierto. Señor tenemos que inspeccionar el cadáver primero.
A lo lejos se oyó un grito fuerte e imperativo. El fiscal y el oficial se volvieron casi asustados casi con prisa. Era el Mariscal.
—¿Quien es ese?— Preguntó el Fiscal un poco consternado.
—Es el Mariscal señor.
—¿Un Mariscal?
—Si, así lo llaman, pero creo que no es Mariscal realmente.
—¡Pero usted no está seguro de nada!
—Creo que no. Señor.— dijo el oficial y cierto dejo de angustia se pudo notar en su rostro. —Ahí está el Mariscalito, que no es otro que el hijo del Mariscal. ¡De eso estoy seguro!
—Muy curioso este personaje. Tiene cara de bueno. ¿Sabe porqué lo llaman así?
—No se, creo que nadie lo sabe.
—¿Otra vez con sus incertidumbres?
—Señor, hace mucho que llegó a esa esquina y cuando llegó ya tenía ese nombre. Dificil de saber porque. Lo que si se, es que desde hace unos pocos meses lo acompaña ese joven, que dicen es su hijo.
—Interesante… muy interesante— dijo el fiscal, un poco en duda con todo lo referente al Mariscal, y sentenció. —Mejor, continuemos con nuestro cadáver.

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